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1998
El redoble
destroza el silencio el silencio rompió a llorar
el repique de estos tambores acompaña la
soledad.
El bello sonar de esos toques crea sonidos de
paz
unidos con dulces caricias de amor y vanidad.
La maza golpea mil veces, el parche crujiendo ya
más aguanta con todas sus fuerzas ¡la maza
matándolo está!
El redoble termina en silencio, el tambor para
de cantar
y el sonido de Semana Santa en mi corazón
descansa en paz.

1999
Retumba en la
noche el andar dolorido
De un Dios afligido que espera su muerte.
Devotos y amigos elevan el rostro,
El suyo está triste, el nuestro..., el nuestro
lloroso.
La cruz en el hombro, sentencia el destino,
Corona de espinas, la sangre en sus ojos.
Con dulce cariño le secan el rostro,
Suspira y solloza, su cuerpo extenuado.
Ya llega el momento y la luz se hace opaca.
Redoble en el cielo, el mundo se apaga.
El bello latido golpea más débil,
Murmullo sedante, dolor delirante.
Un grito, un tormento, el Dios, ya es eterno,
Una vida se acaba, nace la esperanza.

2000
"A la Virgen de la
Amargura"
Duerme
tristeza, que la espera atormenta
Pues no llega el momento de cogerte en mis
brazos
Y curar tus heridas.
Mis ojos reflejan tu lenta agonía
y mis manos esperan tu cuerpo rendido.
no veo el abismo que emiten mis ojos
que tratan de ver con la luz tu llegada.
La cruz se aproxima entre miles de espinas
Hundiendo tu hombro, hundiendo mi aliento.
Mis manos te acogen, mi pecho te arropa
Pues eres mi vida, pues eres mi alma.
Tus ojos me miran pidiendo clemencia.
Tu rostro está triste, tu rostro está roto.
"no llores de pena por ver mi camino
pues no es un adiós, solo un respiro.
Tu amarga mirada refleja tu afecto,
Tu amarga mirada es señal de cariño."
Sigues tu andadura por el duro camino,
Caminas cansado, caminas perdido.
Ahora solo queda mi triste recuerdo
De un Cristo afligido, amargo destino

2001
"Nuestro miércoles"
Aparece
en la distancia esa imagen que embelesa
Y el murmullo se apoquece, el silencio se
embriaga.
Todos fijan sus miradas en el rostro de ojos
tristes
Que camina entre lamentos hacia el fin de su
existencia.
Paso firme y continuado, rebosante de grandeza,
Ennobleces tu castigo, embelleces tu tormento.
Escoltando tu figura entre miles de personas,
Dos mujeres que te adoran, que por ti darían la
vida.
Más de pena una padece por no darte sus latidos,
Es el amargo destino el que apaga sus suspiros.
Tu sudor seca la otra, con el rostro afligido,
Pues sabe que son tus gotas las que apagan los
baldíos.
Penitentes y devotos, van contigo en tu camino,
Alumbrando con sus velas este triste y cruel
destino

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