En este año de 1.998, se cumplen cien años del nacimiento de
un escultor que, aunque no nació en Zaragoza, fue aquí donde desarrolló toda su obra.
Diego Francisco Bretón García-Leñero, vió la luz por primera vez el 12 de noviembre de
1.898 en Corral de Almaguer, provincia de Toledo, y falleció en Zaragoza el 9 de enero de
1.970. En el año 1.917, contando 19 años, se traslada a Zaragoza, ciudad en la que fija
su residencia, que habría de ser la única puesto que, salvo algún y viaje aislado como
a París, ciudad que quería conocer, ya no se movería. Aunque de joven ya mostró
inquietudes artísticas, fue años más tarde cuando decidió que el arte, al igual que
doña Manuela Arévalo Villalba, su esposa, sería su compañero inseparable.
Sus estudios sobre escultura fueron muy someros y
él mismo manifestaba el año anterior a su fallecimiento: "...en el año treinta
y cinco, seguí un curso en la Escuela de Bellas Artes de aquí, de Zaragoza, pero donde
me formé fue en el Estudio Goya. Le tengo mucho cariño y sigo yendo allí todos los
días..."
Estamos, pues, ante un hombre autodidacta, dotado de
una gran habilidad, imaginación y sensibilidad necesarias para realizar su trabajo.
Sus principios fueron un bastón es madera y una
reproducción del Patio de los Leones, de la Alhambra. El resultado no fue muy alentador
pero él, pequeño de estatura pero grande en carácter, decidió, afortunadamente,
continuar con su obra.
Con relación a los materiales utilizados para
realizarla Bretón opinaba lo siguiente: "...yo trabajo el cuero, la madera, la
piedra, el barro para los bronces, el marfil... cada material exige un tratamiento
diferente. El más cómodo es el bronce; ocasiona menos problemas. Además es eterno, más
que la piedra. Las hay que se deshacen. La madera es lo más difícil para trabajar,
porque manda por donde debe cortarse. Toda materia tiene su ley. Por eso un escultor en
piedra no aprende a ser tallista en madera, pero sí al revés. Y desde luego no hay
materiales inferiores. Muchos miran al hierro trabajado como arte menor; pero eso depende
del artista. Ahí tiene usted las forjas de Remacha. Para mí no ha habido nadie mejor que
él. Su obra es escultura. Escultura de altos vuelos".
A lo largo de su carrera dejó constancia
de su facilidad como escultor y modelador.
Gran católico y excelente persona, decía:
"...Donde me siento más a gusto es en la imaginería. Para mí es la base. En
temas religiosos hay un campo extraordinario; además, soy cristiano y su temática me
hace vibrar con mayor fuerza..."
Le hacía vibrar a él y a todo el que se acerque a
Barbastro para contemplar parte de su obra, allí ubicada.
En el año 1.945 Bretón realiza tres obras en
madera policromada. La Cofradía de Jesús Nazareno posee dos de ellas: "La
Verónica" y "Jesús con la cruz a cuestas". La primera representa a una
mujer joven, de belleza serena y con unas formas muy definidas, siendo una talla muy
adelantada para su tiempo, hasta el punto de tener que utilizar, al principio de sus
desfiles procesionales, un pañuelo para tapar su escote. No sería ésta la única
incidencia que le surgiría a Bretón con sus esculturas. Más adelante explicaré otra.
La segunda obra representa a Jesús camino del Calvario portando la cruz. En ambas
imágenes podemos ver cómo el autor nos muestra unos rostros delicados, con una
expresión agridulce en la Verónica y de dolor un Jesús. Cabe destacar la talla de las
manos de Jesús, con la parte anterior con todas las arrugas propias de la posición de
las mismas. Ambas imágenes se encuentran depositadas en la Iglesia de San Francisco.
La Cofradía del Santo Cristo de la Agonía porta la
talla titulada "Cristo de la Agonía". Magnífica es toda la obra que posee
Barbastro pero ésta es la mejor de todas. Aquí nos encontramos con un Cristo con la
cabeza alzada, mirando al cielo como si estuviese lanzando su último suspiro. Sus
piernas, dobladas en demasía, indican que el momento final está próximo y su cuerpo,
abandonado, pende de sus manos clavadas. La imagen no tiene la fortaleza física de las
anteriores y al mirarla difícilmente se puede separar la vista de ella. Es una gran obra.
Posiblemente, junto a otra en piedra y una tercera en marfil, conformen lo mejor de este
artista. Esta imagen está depositada en la iglesia de los RR.PP. Escolapios, en un altar
lateral, y en el principal, presidiendo las misas allí celebradas se encuentra el boceto,
de unos cincuenta centímetros, en madera de boj, que realizó con anterioridad la obra.
En éste, en el boceto, se aprecian algunas diferencias con relación al trabajo
definitivo, como la cabeza, que no se encuentra tan alzada y las piernas menos
flexionadas, con lo cual la posición de los brazos es más horizontal.
En 1.947 realiza la cuarta obra para Barbastro
titulada "Jesús atado a la columna" y que es propiedad de la Cofradía del
mismo nombre. Aquí nos encontramos con la figura de un hombre corpulento, un hombre
entero físicamente y que todavía no ha recibido el castigo que tenía reservado. Si
examinamos detenidamente las imágenes de Jesús atado a la columna y Jesús con la cruz a
cuestas, podemos observar que ambas imágenes tienen la barba tallada exactamente igual.
En ambos rostros el autor, a pesar de esta semejanza, ha dado expresiones completamente
diferentes. Mientras en la imagen de Jesús atado a la columna vemos un rostro serio,
pensativo y con la boca cerrada, en la de Jesús con la cruz a cuestas presenta un rostro
fatigado, dolorido y con la boca abierta, propio de la impotencia física. Las cuatro
imágenes participan en las procesiones de la Semana Santa de Barbastro.
En las obras de este escultor realizadas en madera y
en algunas de marfil, aparece su firma. Siempre ponía la palabra BRETÓN, con
mayúsculas, en algún lugar visible. En la imagen de Jesús atado a la columna, la
podemos ver en el suelo, en la base de la imagen junto a su pie izquierdo, en el boceto
del Cristo de la Agonía y en una Virgen de madera y un San Francisco de Asís, ambos de
propiedad particular, etc., etc.
Bretón realizó una imagen de San Francisco de
Asís en actitud orante, en madera de roble y policromada, que se encuentra en poder del
Excmo. Ayuntamiento de Zaragoza, y una segunda imagen, del mismo santo, impartiendo su
bendición y con una paloma en su mano izquierda. Esta última tiene unas medidas de 69 x
18,5 x 18,5 cm y fue realizada en el año 1.940, encontrándose en la actualidad en poder
de un matrimonio íntimo amigo de Bretón. Las dos obras son excelentes pero, en mi
opinión, mejor la segunda que la primera.
La Asociación de la Prensa tiene en su poder otra
obra que representa a su patrono, San Francisco de Sales, desconociéndose, hasta hoy, su
fecha de ejecución.
En el año 1.943, Bretón decide trabajar con un
material nuevo para él: la piedra. Realiza una escultura titulada "Chico jugando al
guá" y deja sorprendidos, gratamente sorprendidos, a propios y extraños. Los más
sorprendidos fueron sus propios compañeros del Estudio Goya, de la calle Manifestación,
numero 2, ya que, como profesionales que eran y son, conocían perfectamente las
dificultades que entraña realizar una primera obra con un nuevo material. La escultura
representa a un chico sobre una base rectangular, agachado, con la rodilla izquierda
apoyada en el suelo, la derecha ligeramente levantada y ambas manos hacia delante
sujetando en la derecha un pito o canica en intención de lanzarlo. Tiene el pelo rubio y
cortado en trazos rectos. Viste pantalón corto y una camisa de manga corta. Todo
perfectamente tallado y pulimentado. Esta escultura representa un pasado que,
desgraciadamente, no volverá. Nuestros chicos, hoy, basan sus juegos en la electrónica y
posiblemente desconozcan lo que el es el "gúa". Por eso, esta escultura, es una
ventana abierta por la que no entra el aire fresco sino el recuerdo y la nostalgia de los
que ya tenemos algunos años.
Su propietario, el Excmo. Ayuntamiento de Zaragoza,
la colocó en el parque Bruil, pero las inclemencias del tiempo y la acción de algún
gamberro, aconsejaron colocar en su lugar una copia y preservar el original, que
finalmente quedó instalado en la escalera principal de dicho Ayuntamiento.
Por esta obra le fue entregado el accésit a la
primera medalla en la Exposición Regional de Artistas Aragoneses.
Esta obra en piedra, junto al Cristo de la Agonía
en madera y otro Cristo Crucificado en marfil, del que hablaré más adelante, son, para
mí, la trilogía de su mejor trabajo escultórico.
La mayor parte de la obra de Bretón, se encuentra
en manos de particulares, por lo que recopilarla ha supuesto una tarea muy complicada. He
tenido la suerte de encontrarme con personas que no me han puesto ninguna pega y, muy al
contrario, me han dado todo tipo de facilidades. Gracias a estas personas, a las que estoy
muy agradecido, he podido comprobar el aspecto humano de Bretón. Todo el mundo habla muy
bien del matrimonio. La familia, los amigos y los compañeros, después de veintiocho
años del fallecimiento de él y dieciséis del de ella, todavía los siguen poniendo como
ejemplo.
Cuando Luis Bretón Forcada (su sobrino) iba a
casarse, Bretón le preguntó que qué regalo quería que le comprase. Tanto su sobrino
como su futura sobrina le dijeron que nos les comprase nada y que les regalase alguna de
sus obras. Él les hizo un Cristo en madera de boj y fue su regalo de bodas. Hoy su
sobrina, viuda, lo guarda con un gran cariño.
Cuando don Fernando Alfaro Gracia contrajo
matrimonio, Bretón realizó otro Cristo, también en madera de boj, y también fue su
regalo de boda. La familia de don Emilio Alfaro, padre de don Fernando, eran gran amiga
del matrimonio Bretón, compartiendo ambos mesa y mantel en fechas tan señaladas como las
fiestas navideñas. Don Emilio y Bretón mantenían largas charlas sobre temas de arte, en
las cuales Bretón defendía con gran pasión sus ideas. Ya llevaba a Zaragoza en su
interior. Hoy esta familia posee varias de sus obras. Don Fernando, además del Cristo ya
mencionado, tiene en su poder un busto de su madre, doña Magdalena Gracia Gazulla, en
madera, y doña Carolina Alfaro, sobrina de don Fernando, tiene un busto de su padre, don
Emilio Alfaro, y una Virgen, ambos en madera.
El padre de doña Magdalena fue el propulsor del
parque Primo de Rivera y jardinero municipal del mismo. Bretón realizó su busto en
piedra y se encuentra dentro de dicho parque. Esta obra, junto con la del "Chico
jugando al guá" y la imagen de San Francisco de Asís (orante), son las únicas que
posee el Ayuntamiento y las únicas que están catalogadas.
La familia Romero-Fernández, también grandes
amigos de Bretón, poseen muchas de sus obras en marfil. Además de su amistad, les unía
su condición de grandes católicos, siendo don Francisco hermano fundador de la Cofradía
de las Siete Palabras y de San Juan Evangelista son admiradores de toda su obra, pero
especialmente de su imaginería.
Tiene en su poder tres Vírgenes, tres Cristos
crucificados, un nacimiento completo, un Sagrado Corazón, una Virgen del Pilar y una
jarra, todo de marfil. Un franciscano metálico, con la cara y las manos de marfil, el San
Francisco de Asís, con la paloma en la mano, mencionado anteriormente. La contemplación
de esta imagen, también firmada, transmite una paz interior propia del santo
representado, sobre todo a quien, como yo, pertenece a una Hermandad Franciscana.
También, en madera, posee una Virgen y un busto del propio don Francisco; una cabeza de
Ramón y Cajal, en bronce; dos libros encuadernados con la imagen de Don Quijote el uno y
Sancho Panza el otro, ambos repujados en cuero. Mención aparte merece una arqueta
repujada en cuero, de 51 x 27 x 47 cm. en la que se aprecian una serie de figuras en todas
sus caras; realizada en el año 1.939, su estado de conservación es perfecto.
Uno de los Cristos de marfil, aquí relacionado,
tiene una historia curiosa. Los matrimonios Romero y Bretón eran grandes amigos, pero
además don Francisco era su médico (urólogo) y en cierta ocasión tuvo que realizarle
una intervención quirúrgica de cierta envergadura. Cuando terminó su hospitalización y
fue dado de alta, se presentó a su amigo y médico, tres días después, llevando este
Cristo de marfil y don Francisco le dijo: "¿Por qué haces esto? Con lo que te
habrá costado" Bretón le contestó: "No me ha costado nada. Me he
limitado a quitarle lo que le sobraba". Había realizado una obra extraordinaria
en tan sólo tres días"
Esta es la tercera de las obras que, para mí,
tienen más valor artístico. Casi todos los Cristos tallados por él, tienen la cabeza
alzada y éste es uno de los pocos que la tiene ladeada y hacia abajo.
Bretón realizó muchos trabajos que resultaron
premiados en diversas exposiciones y entre ellos cabe destacar los siguientes:
Uno de Aragón. Cabeza de bronce de don
Leoncio Bel. Medalla de Oro en la Segunda Exposición Nacional de Ferroviarios.
Busto del pintor Gratal. Fundador del Estudio
Goya. Medalla de Oro.
Chico jugando al guá. Ya mencionado.
Monumento a Fernando el Católico. En 1.957
obtiene el primer premio en el concurso convocado por el Excmo. Ayuntamiento de Zaragoza.
El boceto lo realiza con la colaboración del arquitecto don José Romero Aguirre y el
escultor don Pablo Remacha. Actualmente está en poder del Ayuntamiento, pero no ha sido
posible su localización. Después de la obtención de este premio, y sin darle
explicación alguna, el monumento lo realizó Juan de Ávalos.
En el año 1.940 se celebró una Exposición
Regional de Bellas Artes con motivo del XIX Centenario de la Virgen del Pilar y en ella
participó con cinco obras de repujado en cuero, en el apartado de arte decorativo.
Presentó la arqueta antes mencionada y que es una auténtica maravilla; La Barraca (un
libro repujado con la figura de Blasco Ibáñez en la portada), otra encuadernación
titulada Pepita Giménez y dos devocionarios. Junto a esto, presentó tres esculturas:
Cajal y San Francisco de Asís, ambas en madera y detalladas anteriormente, y una obra en
barro cocido titulada Mi sobrina. Esta sobrina se llama María Teresa y durante sus años
de estudio en Zaragoza vivió en casa de su tío.
Bretón era un escultor que reproducía fielmente
todo lo que veía y esto, en aquellos años, le acarreó algún pequeño problema
artístico. Realizó, en bronce, una escultura del torero Manolete. La presentó en una
exposición en Madrid y, amablemente, le rogaron que la retirara porque resaltaba en
exceso los atributos masculinos.
En Cuba y en otras varias capitales de América del
Sur, se celebró en 1.957 la Primera Bienal Hispanoamericana y Bretón, representando a la
imaginería aragonesa, se presentó con un Cristo tallado en madera, de tamaño natural.
Esta imagen, todavía sin localizar, pudiera ser un regalo hecho por don Luis Bretón
Forcada y su esposa (sobrinos de Bretón), una vez fallecidos sus tíos, a las Hermanas de
la Orden de Santa Ana.
Sobre su escultura opinaba: "... La
escultura es fuerza. El arte no es sólo belleza: es lo que al contemplarlo emociona"
y de sí mismo decía:" yo soy tan sólo un vulgar aficionado, yo he sido factor
de ferrocarriles. Ahora estoy jubilado, y puedo asegurarle a usted que yo de lo que he
vivido ha sido de la Renfe".
Posiblemente tuviese razón al asegurar que vivió
de la Renfe, pero no cabe duda que estas palabras encerraban más de humildad que de
razón, porque en realidad estamos ante un gran escultor y un gran imaginero.
Adjuntamos relación de obras de Bretón, algunas en
paradero desconocido y las demás refrendadas por fotografías que se encuentran en el
banco de datos de esta Asociación.