SEMANA SANTA DE BARBASTRO

Declarada de Interés Turístico en Aragón
 B.O.A. 3 de Enero de 2005
 

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FRANCISCO BRETÓN

 
 

 

 
  TERCEROL. Cueradernos de investigación
Asociación para el ESTUDIO DE LA SEMANA SANTA
Nº 3 – 1998
Imagineros: Diego Francisco Bretón García Leñero
Fernando Pinilla Gonzaléz
 
     
 

En este año de 1.998, se cumplen cien años del nacimiento de un escultor que, aunque no nació en Zaragoza, fue aquí donde desarrolló toda su obra. Diego Francisco Bretón García-Leñero, vió la luz por primera vez el 12 de noviembre de 1.898 en Corral de Almaguer, provincia de Toledo, y falleció en Zaragoza el 9 de enero de 1.970. En el año 1.917, contando 19 años, se traslada a Zaragoza, ciudad en la que fija su residencia, que habría de ser la única puesto que, salvo algún y viaje aislado como a París, ciudad que quería conocer, ya no se movería. Aunque de joven ya mostró inquietudes artísticas, fue años más tarde cuando decidió que el arte, al igual que doña Manuela Arévalo Villalba, su esposa, sería su compañero inseparable.

Sus estudios sobre escultura fueron muy someros y él mismo manifestaba el año anterior a su fallecimiento: "...en el año treinta y cinco, seguí un curso en la Escuela de Bellas Artes de aquí, de Zaragoza, pero donde me formé fue en el Estudio Goya. Le tengo mucho cariño y sigo yendo allí todos los días..."

Estamos, pues, ante un hombre autodidacta, dotado de una gran habilidad, imaginación y sensibilidad necesarias para realizar su trabajo.

Sus principios fueron un bastón es madera y una reproducción del Patio de los Leones, de la Alhambra. El resultado no fue muy alentador pero él, pequeño de estatura pero grande en carácter, decidió, afortunadamente, continuar con su obra.

Con relación a los materiales utilizados para realizarla Bretón opinaba lo siguiente: "...yo trabajo el cuero, la madera, la piedra, el barro para los bronces, el marfil... cada material exige un tratamiento diferente. El más cómodo es el bronce; ocasiona menos problemas. Además es eterno, más que la piedra. Las hay que se deshacen. La madera es lo más difícil para trabajar, porque manda por donde debe cortarse. Toda materia tiene su ley. Por eso un escultor en piedra no aprende a ser tallista en madera, pero sí al revés. Y desde luego no hay materiales inferiores. Muchos miran al hierro trabajado como arte menor; pero eso depende del artista. Ahí tiene usted las forjas de Remacha. Para mí no ha habido nadie mejor que él. Su obra es escultura. Escultura de altos vuelos".

A lo largo de su carrera dejó constancia de su facilidad como escultor y modelador.

Gran católico y excelente persona, decía: "...Donde me siento más a gusto es en la imaginería. Para mí es la base. En temas religiosos hay un campo extraordinario; además, soy cristiano y su temática me hace vibrar con mayor fuerza..."

Le hacía vibrar a él y a todo el que se acerque a Barbastro para contemplar parte de su obra, allí ubicada.

En el año 1.945 Bretón realiza tres obras en madera policromada. La Cofradía de Jesús Nazareno posee dos de ellas: "La Verónica" y "Jesús con la cruz a cuestas". La primera representa a una mujer joven, de belleza serena y con unas formas muy definidas, siendo una talla muy adelantada para su tiempo, hasta el punto de tener que utilizar, al principio de sus desfiles procesionales, un pañuelo para tapar su escote. No sería ésta la única incidencia que le surgiría a Bretón con sus esculturas. Más adelante explicaré otra. La segunda obra representa a Jesús camino del Calvario portando la cruz. En ambas imágenes podemos ver cómo el autor nos muestra unos rostros delicados, con una expresión agridulce en la Verónica y de dolor un Jesús. Cabe destacar la talla de las manos de Jesús, con la parte anterior con todas las arrugas propias de la posición de las mismas. Ambas imágenes se encuentran depositadas en la Iglesia de San Francisco.

La Cofradía del Santo Cristo de la Agonía porta la talla titulada "Cristo de la Agonía". Magnífica es toda la obra que posee Barbastro pero ésta es la mejor de todas. Aquí nos encontramos con un Cristo con la cabeza alzada, mirando al cielo como si estuviese lanzando su último suspiro. Sus piernas, dobladas en demasía, indican que el momento final está próximo y su cuerpo, abandonado, pende de sus manos clavadas. La imagen no tiene la fortaleza física de las anteriores y al mirarla difícilmente se puede separar la vista de ella. Es una gran obra. Posiblemente, junto a otra en piedra y una tercera en marfil, conformen lo mejor de este artista. Esta imagen está depositada en la iglesia de los RR.PP. Escolapios, en un altar lateral, y en el principal, presidiendo las misas allí celebradas se encuentra el boceto, de unos cincuenta centímetros, en madera de boj, que realizó con anterioridad la obra. En éste, en el boceto, se aprecian algunas diferencias con relación al trabajo definitivo, como la cabeza, que no se encuentra tan alzada y las piernas menos flexionadas, con lo cual la posición de los brazos es más horizontal.

En 1.947 realiza la cuarta obra para Barbastro titulada "Jesús atado a la columna" y que es propiedad de la Cofradía del mismo nombre. Aquí nos encontramos con la figura de un hombre corpulento, un hombre entero físicamente y que todavía no ha recibido el castigo que tenía reservado. Si examinamos detenidamente las imágenes de Jesús atado a la columna y Jesús con la cruz a cuestas, podemos observar que ambas imágenes tienen la barba tallada exactamente igual. En ambos rostros el autor, a pesar de esta semejanza, ha dado expresiones completamente diferentes. Mientras en la imagen de Jesús atado a la columna vemos un rostro serio, pensativo y con la boca cerrada, en la de Jesús con la cruz a cuestas presenta un rostro fatigado, dolorido y con la boca abierta, propio de la impotencia física. Las cuatro imágenes participan en las procesiones de la Semana Santa de Barbastro.

En las obras de este escultor realizadas en madera y en algunas de marfil, aparece su firma. Siempre ponía la palabra BRETÓN, con mayúsculas, en algún lugar visible. En la imagen de Jesús atado a la columna, la podemos ver en el suelo, en la base de la imagen junto a su pie izquierdo, en el boceto del Cristo de la Agonía y en una Virgen de madera y un San Francisco de Asís, ambos de propiedad particular, etc., etc.

Bretón realizó una imagen de San Francisco de Asís en actitud orante, en madera de roble y policromada, que se encuentra en poder del Excmo. Ayuntamiento de Zaragoza, y una segunda imagen, del mismo santo, impartiendo su bendición y con una paloma en su mano izquierda. Esta última tiene unas medidas de 69 x 18,5 x 18,5 cm y fue realizada en el año 1.940, encontrándose en la actualidad en poder de un matrimonio íntimo amigo de Bretón. Las dos obras son excelentes pero, en mi opinión, mejor la segunda que la primera.

La Asociación de la Prensa tiene en su poder otra obra que representa a su patrono, San Francisco de Sales, desconociéndose, hasta hoy, su fecha de ejecución.

En el año 1.943, Bretón decide trabajar con un material nuevo para él: la piedra. Realiza una escultura titulada "Chico jugando al guá" y deja sorprendidos, gratamente sorprendidos, a propios y extraños. Los más sorprendidos fueron sus propios compañeros del Estudio Goya, de la calle Manifestación, numero 2, ya que, como profesionales que eran y son, conocían perfectamente las dificultades que entraña realizar una primera obra con un nuevo material. La escultura representa a un chico sobre una base rectangular, agachado, con la rodilla izquierda apoyada en el suelo, la derecha ligeramente levantada y ambas manos hacia delante sujetando en la derecha un pito o canica en intención de lanzarlo. Tiene el pelo rubio y cortado en trazos rectos. Viste pantalón corto y una camisa de manga corta. Todo perfectamente tallado y pulimentado. Esta escultura representa un pasado que, desgraciadamente, no volverá. Nuestros chicos, hoy, basan sus juegos en la electrónica y posiblemente desconozcan lo que el es el "gúa". Por eso, esta escultura, es una ventana abierta por la que no entra el aire fresco sino el recuerdo y la nostalgia de los que ya tenemos algunos años.

Su propietario, el Excmo. Ayuntamiento de Zaragoza, la colocó en el parque Bruil, pero las inclemencias del tiempo y la acción de algún gamberro, aconsejaron colocar en su lugar una copia y preservar el original, que finalmente quedó instalado en la escalera principal de dicho Ayuntamiento.

Por esta obra le fue entregado el accésit a la primera medalla en la Exposición Regional de Artistas Aragoneses.

Esta obra en piedra, junto al Cristo de la Agonía en madera y otro Cristo Crucificado en marfil, del que hablaré más adelante, son, para mí, la trilogía de su mejor trabajo escultórico.

La mayor parte de la obra de Bretón, se encuentra en manos de particulares, por lo que recopilarla ha supuesto una tarea muy complicada. He tenido la suerte de encontrarme con personas que no me han puesto ninguna pega y, muy al contrario, me han dado todo tipo de facilidades. Gracias a estas personas, a las que estoy muy agradecido, he podido comprobar el aspecto humano de Bretón. Todo el mundo habla muy bien del matrimonio. La familia, los amigos y los compañeros, después de veintiocho años del fallecimiento de él y dieciséis del de ella, todavía los siguen poniendo como ejemplo.

Cuando Luis Bretón Forcada (su sobrino) iba a casarse, Bretón le preguntó que qué regalo quería que le comprase. Tanto su sobrino como su futura sobrina le dijeron que nos les comprase nada y que les regalase alguna de sus obras. Él les hizo un Cristo en madera de boj y fue su regalo de bodas. Hoy su sobrina, viuda, lo guarda con un gran cariño.

Cuando don Fernando Alfaro Gracia contrajo matrimonio, Bretón realizó otro Cristo, también en madera de boj, y también fue su regalo de boda. La familia de don Emilio Alfaro, padre de don Fernando, eran gran amiga del matrimonio Bretón, compartiendo ambos mesa y mantel en fechas tan señaladas como las fiestas navideñas. Don Emilio y Bretón mantenían largas charlas sobre temas de arte, en las cuales Bretón defendía con gran pasión sus ideas. Ya llevaba a Zaragoza en su interior. Hoy esta familia posee varias de sus obras. Don Fernando, además del Cristo ya mencionado, tiene en su poder un busto de su madre, doña Magdalena Gracia Gazulla, en madera, y doña Carolina Alfaro, sobrina de don Fernando, tiene un busto de su padre, don Emilio Alfaro, y una Virgen, ambos en madera.

El padre de doña Magdalena fue el propulsor del parque Primo de Rivera y jardinero municipal del mismo. Bretón realizó su busto en piedra y se encuentra dentro de dicho parque. Esta obra, junto con la del "Chico jugando al guá" y la imagen de San Francisco de Asís (orante), son las únicas que posee el Ayuntamiento y las únicas que están catalogadas.

La familia Romero-Fernández, también grandes amigos de Bretón, poseen muchas de sus obras en marfil. Además de su amistad, les unía su condición de grandes católicos, siendo don Francisco hermano fundador de la Cofradía de las Siete Palabras y de San Juan Evangelista son admiradores de toda su obra, pero especialmente de su imaginería.

Tiene en su poder tres Vírgenes, tres Cristos crucificados, un nacimiento completo, un Sagrado Corazón, una Virgen del Pilar y una jarra, todo de marfil. Un franciscano metálico, con la cara y las manos de marfil, el San Francisco de Asís, con la paloma en la mano, mencionado anteriormente. La contemplación de esta imagen, también firmada, transmite una paz interior propia del santo representado, sobre todo a quien, como yo, pertenece a una Hermandad Franciscana. También, en madera, posee una Virgen y un busto del propio don Francisco; una cabeza de Ramón y Cajal, en bronce; dos libros encuadernados con la imagen de Don Quijote el uno y Sancho Panza el otro, ambos repujados en cuero. Mención aparte merece una arqueta repujada en cuero, de 51 x 27 x 47 cm. en la que se aprecian una serie de figuras en todas sus caras; realizada en el año 1.939, su estado de conservación es perfecto.

Uno de los Cristos de marfil, aquí relacionado, tiene una historia curiosa. Los matrimonios Romero y Bretón eran grandes amigos, pero además don Francisco era su médico (urólogo) y en cierta ocasión tuvo que realizarle una intervención quirúrgica de cierta envergadura. Cuando terminó su hospitalización y fue dado de alta, se presentó a su amigo y médico, tres días después, llevando este Cristo de marfil y don Francisco le dijo: "¿Por qué haces esto? Con lo que te habrá costado" Bretón le contestó: "No me ha costado nada. Me he limitado a quitarle lo que le sobraba". Había realizado una obra extraordinaria en tan sólo tres días"

Esta es la tercera de las obras que, para mí, tienen más valor artístico. Casi todos los Cristos tallados por él, tienen la cabeza alzada y éste es uno de los pocos que la tiene ladeada y hacia abajo.

Bretón realizó muchos trabajos que resultaron premiados en diversas exposiciones y entre ellos cabe destacar los siguientes:

Uno de Aragón. – Cabeza de bronce de don Leoncio Bel. Medalla de Oro en la Segunda Exposición Nacional de Ferroviarios.

Busto del pintor Gratal. – Fundador del Estudio Goya. Medalla de Oro.

Chico jugando al guá. – Ya mencionado.

Monumento a Fernando el Católico. – En 1.957 obtiene el primer premio en el concurso convocado por el Excmo. Ayuntamiento de Zaragoza. El boceto lo realiza con la colaboración del arquitecto don José Romero Aguirre y el escultor don Pablo Remacha. Actualmente está en poder del Ayuntamiento, pero no ha sido posible su localización. Después de la obtención de este premio, y sin darle explicación alguna, el monumento lo realizó Juan de Ávalos.

En el año 1.940 se celebró una Exposición Regional de Bellas Artes con motivo del XIX Centenario de la Virgen del Pilar y en ella participó con cinco obras de repujado en cuero, en el apartado de arte decorativo. Presentó la arqueta antes mencionada y que es una auténtica maravilla; La Barraca (un libro repujado con la figura de Blasco Ibáñez en la portada), otra encuadernación titulada Pepita Giménez y dos devocionarios. Junto a esto, presentó tres esculturas: Cajal y San Francisco de Asís, ambas en madera y detalladas anteriormente, y una obra en barro cocido titulada Mi sobrina. Esta sobrina se llama María Teresa y durante sus años de estudio en Zaragoza vivió en casa de su tío.

Bretón era un escultor que reproducía fielmente todo lo que veía y esto, en aquellos años, le acarreó algún pequeño problema artístico. Realizó, en bronce, una escultura del torero Manolete. La presentó en una exposición en Madrid y, amablemente, le rogaron que la retirara porque resaltaba en exceso los atributos masculinos.

En Cuba y en otras varias capitales de América del Sur, se celebró en 1.957 la Primera Bienal Hispanoamericana y Bretón, representando a la imaginería aragonesa, se presentó con un Cristo tallado en madera, de tamaño natural. Esta imagen, todavía sin localizar, pudiera ser un regalo hecho por don Luis Bretón Forcada y su esposa (sobrinos de Bretón), una vez fallecidos sus tíos, a las Hermanas de la Orden de Santa Ana.

Sobre su escultura opinaba: "... La escultura es fuerza. El arte no es sólo belleza: es lo que al contemplarlo emociona" y de sí mismo decía:" yo soy tan sólo un vulgar aficionado, yo he sido factor de ferrocarriles. Ahora estoy jubilado, y puedo asegurarle a usted que yo de lo que he vivido ha sido de la Renfe".

Posiblemente tuviese razón al asegurar que vivió de la Renfe, pero no cabe duda que estas palabras encerraban más de humildad que de razón, porque en realidad estamos ante un gran escultor y un gran imaginero.

Adjuntamos relación de obras de Bretón, algunas en paradero desconocido y las demás refrendadas por fotografías que se encuentran en el banco de datos de esta Asociación.

 
     
 
 
     
 

HERALDO DE ARAGÓN, Sabado 17 de noviembre de 1945
"EL CRISTO DE LA AGONÍA" DE FRANCISCO BRETÓN

 
     
 

El escultor Francisco Bretón es uno de los artistas aragoneses mejor dotados de temperamento. Hemos seguido muy de cerca sus andanzas artísticas, desde su iniciación como repujador en cuero hasta este curioso hallazgo de sus espléndidas condiciones de escultor, y podemos asegurar que es un caso de vocación realmente admirable.

Con humildad y tenacidad ejemplares viene trabajando en la escultura desde hace pocos años, y en cada obra nueva acusa una visible superación de la técnica y el procedimiento, y afirma aún más su recia personalidad.

En la última Exposición Nacional de Bellas Artes presentó un busto en bronce que, por el vigor de su modelado, llamó poderosamente la atención de la crítica madrileña, y para el que se solicitó la recompensa de una tercera medalla. Los elogios más cálidos de esta obra se los oímos al gran escultor zaragozano José Bueno, para el que fue una grata sorpresa encontrar en Bretón tan magníficas posibilidades.

En la línea ascendente de su trabajo, la realización de este "Cristo de la Agonía", que expone desde ayer en la Sala Gaspar, significa un considerable avance por la limpieza con que ha superado las dificultades técnicas y el poderoso aliento espiritual que ha infundido a la obra.

Se trata de la realización en materia definitiva del modelo en yeso que presentó en el Salón de artistas Aragoneses. Al trabajar la madera Francisco Bretón ha superado en mucho la anterior labor, obteniendo calidades y matices de auténtico valor.

La virtud principal de este "Cristo de la Agonía" es que su contemplación sugiere inmediatamente una actitud de recogimiento y oración. Bretón ha sabido darle el carácter justo y la emoción precisa para suscitar fácilmente en el devoto el deliquio de la veneración.

Esta es, insistimos, la cualidad esencial, aparte aciertos innegables de composición y modelado, que advertimos en este "Cristo de la Agonía", destinado a la Catedral de Barbastro, y que se halla expuesto al público en la Sala Gaspar.

Acertar en obra de tanta dificultad, que es por donde suelen acabar los grandes maestros, significa ya un éxito muy estimable para Francisco Bretón, que, en realidad, empieza ahora a abordar empresas de importancia.

Con agrado consignamos el éxito de este escultor zaragozano en el que concurren circunstancias de temperamento y vocación muy curiosas y notables.

– ROMEO

 
     
   
     
 

 

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