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La tradición de las Cofradías
de
Semana Santa en Barbastro se remonta varios siglos atrás.
A lo largo de los tiempos, estas, han atravesado numerosas vicisitudes a las que
sobrevivieron con más o menos pujanza.
Pero de todos los golpes recibidos
el más fuerte, sin duda, fue el de la Guerra Civil de 1936. Después de lograr, en los
años 30 y 31, las mayores cotas artísticas, participativas y litúrgicas de su historia, la
Guerra vino a dar al traste con una procesión del Santo Entierro de la que tan orgullosos
se sentían los barbastrenses; baste decir que de los 25 o 28 pasos existente no
sobrevivió ninguno y de las iglesias que los albergaban unas quedaron destruidas y otras tardaron
años en volverse a abrir al Culto.
Con este panorama desolador hubo que
partir de cero en unos años en que la carencia de medios era el exponente común que
entorpeció y condiciono la reorganización de las procesiones y Cofradías después
de la
Guerra. Sin embargo, gracias a los grandes esfuerzos e ilusiones de muchas personas, las
hermandades fueron resurgiendo paulatinamente en la segunda mitad de los años 40, bajo el
episcopado de D. Arturo Tabera, siendo este Obispo quien erigió cuatro Cofradías
y la
Junta Coordinadora. Hubo también dos asociaciones religiosas que, solidarizándose
con este
empeño por recuperar la Semana Santa, adquirieron sus respectivos pasos.
Fue tan grande el esfuerzo que,
prácticamente en el año 1950, Barbastro ya tenia los pasos y procesiones que actualmente
tiene; solamente faltaba el paso de la Entrada de Jesús en Jerusalén que se incorporaría
en 1957 adquirido por la Cofradía de San José.
Quizás la encomiable labor del
Padre Tabera al erigir las Cofradías adoleció de una comprensible ausencia de continuidad
histórica; el Obispo erigió las nuevas Cofradías sin conectarlas con las que anteriormente
había, pareciendo nuevas unas Cofradías que tenían a sus espaldas siglos de tradición.
Únicamente dos asociaciones no necesitaron de nueva constitución canónica (la
congregación de los Dolores y la Virgen de la Soledad), claro que lo que importaba entonces no eran
pormenores jurídicos, que hubiesen costado muchísimo de averiguar debido a la destrucción
documental, sino que la Procesión se recuperara lo antes posible.
Otra particularidad de los nuevos
pasos es la disminución de la calidad artística, sin embargo cabe destacar los cuatro
pasos del zaragozano
Francisco Bretón:
El Cristo de la Agonía,
el Cristo de la
Columna,
Jesús Nazareno y
la
Verónica.
En los primeros tiempos, años 50 y
60, las Cofradías desarrollaban otros actos litúrgicos como Vía Crucis y los tradicionales
sermones de Semana Santa. Sin embargo, después de los años 60, la actividad litúrgica
quedo reducida a las procesiones, con la sola excepción del Septenario de los Dolores.
En la década de los 70, las
Cofradías fueron caminando meramente por inercia en una línea de continuidad, salvo alguna que otra
excepción.
Pero afortunadamente, el signo de los
tiempos cambio en la segunda mitad de los años 80. En 1987 la Cofradía del Santo Cristo
de la Agonía restauro se Paso constituyendo el inicio de un esperanzador periodo.
Enseguida llegaron la nueva peana de la Soledad, la constitución de la Cofradía
del
Descendimiento, la remodelación de muchas juntas de Gobierno, un considerable aumento de
cofrades..., acontecimientos, en suma, que infundieron un aire renovador en todas las
Cofradías.
Desde 1991 se incorporo el acto del
Pregón que inicia la Semana santa y que organiza la Junta Coordinadora. Hay que reconocer
que muchos de estos cambios y reformas han surgido por iniciativas individuales a los que
se han sumado, más tarde otros cofrades.
La participación de las bandas
de música de las Cofradías en el certamen de bandas de Huesca, que comenzó a celebrarse
en 1994, ha influenciado en el aumento considerable de las mismas y en la incorporación
de
instrumentos hasta ahora desconocidos en nuestra procesión.
Es
en estos años cuando las cofradías inician, la renovación de sus estatutos para adecuarlos al nuevo código de
Derecho Canónico y a la legislación civil. Se empiezan a volver a
nombrar consiliarios y se renuevan muchas juntas de Gobierno.
En este proceso se observa que el decreto episcopal de
constitución de la Junta Coordinadora del año 1948 ha quedado totalmente
obsoleto e inservible para la nueva situación; por eso en el año 2000,
se solicita del Sr. Obispo la transformación de la Junta Coordinadora en
Confederación de Cofradías, pero esa
transformación no es posible realizarla hasta que todas y cada una
de las ocho cofradías integrantes de la Confederación tengan sus
estatutos actualizados; mientras esto sucede el Sr. Obispo emite un nuevo
Decreto de reforma del viejo del cuarenta y ocho por el que se abre un
periodo transitorio hasta que se cumplan las condiciones exigidas para la
creación de la Confederación. Por virtud de este Decreto se aumentan
algunas de las competencias de la Junta Coordinadora y se nombra
Presidente de la misma al Párroco de San Francisco, don José María Garanto, y como Vicepresidente, por elección de las Cofradías, a
José
Antonio Lacoma, quien nada más ser elegido urge a las cofradías que
todavía no han actualizado sus estatutos para que lo hagan
en el menor tiempo posible.
Una
vez finalizado el periodo de transición con la aprobación del estatuto
de la última cofradía que faltaba por hacerlo, se inicia una nueva etapa
de la Semana Santa de Barbastro con la creación de la solicitada
Confederación de Cofradías en el año 2003, para lo cual es necesario
anular la Junta Coordinadora de procesiones de Semana Santa creada en 1948
y reformada en el año 2000.
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