Si hoy me dieran a elegir, me plantearía
ser uno más del centenar de cofrades que
levanta en su hombro el balanceo de un
paso; o sería nazareno y así cargar con
el peso de una cruz; o simplemente
procesionaría, quizás descalzo… y, si no
sintiera el reparo de la edad, uniría mi
redoble a tantos otros en un mismo
sonido.
De una u otra opción, sentiría
físicamente el significado de la Semana
Santa: mis pies, mis hombros o bien mis
manos soportarían el peso, el dolor y
hasta la sangre. Como cualquier cofrade.
Si hoy me dieran a elegir, seguramente
volvería a cargar otro peso más ligero.
Y volvería a ser uno de los que intenta
explicar con imágenes lo que no se puede
sin oírlo, sin sentirlo, sin vivirlo.
Una fotografía siempre se quedará coja
en este sentido.
Pero sí se puede, desde la propia
mirada, mostrar que pese a bonitas
tallas, mantos o estandartes, detrás,
hay hombros que se arriman para
preparar, para vivir la Semana Santa.
Luego quizás nos quedaremos en la
"fachada" de las procesiones. Pero este
año se expondrá en nuestras calles
-gráficamente- que arte y religiosidad
se funden con el esfuerzo de unos
cofrades que "dan la cara" por nuestra
Semana Santa.
Gracias a todos.