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La
artística y piadosa tradición de los conciertos de música sacra en el tiempo de
la Cuaresma, es una costumbre secular cristiana, de especial arraigo en los
países europeos.
Esta
práctica parece comenzar con los Concert Spirituels, iniciados en París en
1725, para llenar el vacío que se producía en el mundo musical y teatral de la
ciudad en torno a la Cuaresma. En nuestro país, según José Subirá, los
conciertos espirituales comienzan alrededor de 1787 en Madrid y diez años después,
en Barcelona.
En
todo caso, el comienzo de esta costumbre viene dada por la paralización de la
vida teatral que se producía en esta etapa del año, debida a la influencia que
la iglesia tenía sobre la sociedad, de forma que las representaciones de ópera,
luego zarzuela, etc., se suspendían y en su lugar se interpretaban obras
instrumentales o vocales , de carácter religioso o no pero, en cualquier caso,
sin ningún tipo de representación teatral, es decir, en la forma que ,
entonces, se denominaba de Academia (concierto).
Al
margen de los compositores que, por su puesto de trabajo, se veían obligados a
escribir música religiosa, el hecho provocó, por ejemplo, que muchos otros
autores dedicaran una atención especial a la música sacra pensando en este
tipo de actuaciones, por lo que el repertorio dedicado a ella ha adquirido tanta
importancia.
Aunque
los conciertos espirituales tuvieron su apogeo en los siglos XVIII y XIX, éstos
continuaron hasta mediados del s.XX, época en la que no es que dejaran de darse
como sustitutivos de la vida teatral y lírica, sino que, modificadas las
costumbres y no interrumpiéndose ya la vida teatral nada más que en la Semana
Santa, los conciertos espirituales se producían en paralelo con la ópera y el
teatro en general.
Este
tipo de actuaciones tiene el mérito, en España, de haber servido de pórtico
de entrada al mundo de las Asociaciones de Conciertos, es decir, de haber sido
las iniciadoras del movimiento cultural que llevó al establecimiento estable de
los conciertos durante todo el año.
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