Comunicaciones

COMUNICACIONES

“LAS COFRADÍAS EN LAS COMUNIDADES CRISTIANAS
DEL SIGLO XXI”

Francisco Farré Bellosta
Hermano Mayor
Cofradía de Ntra. Sra. de la Piedad – Monzón

Una vez llegado el siglo XXI

Un tiempo muy importante de encuentro entre cofradías penitenciales se ha abierto en los últimos años. Son buena muestra de ellos los Encuentros Nacionales, algunos entre cofradías de la misma advocación, otros en varias regiones (en concreto en Aragón estamos celebrando el V). Todo ello además de facilitar el contacto fraterno, la posibilidad de contrastar problemas y orientar proyectos, va creando nuevas inquietudes y de alguna forma, la posibilidad de ir elaborando un pensamiento coherente siempre en desarrollo. Pensamiento que debe, poco a poco, materializarse en nuevas opciones y estilos de vida.

Por ello es conveniente retomar una y otra vez, lo que se va formulando a lo largo de este camino, para continuar el proceso.

La religiosidad popular que representan las cofradías penitenciales es una realidad actual que cumple una misión en la Iglesia y como tal debe de ser aceptada.

Una idea que debemos tener muy presente es: la necesidad de evangelizarnos.

Debemos esforzarnos, de manera decidida, por realizar en nuestras propias asociaciones acciones evangelizadoras que comprometan más con su fe religiosa a nuestros cofrades y que manifiesten en una espiritualidad concreta, basada en los misterios que celebramos, y que abarque todas las esferas de la vida.

Junto al acercamiento afectivo que nos manifiestan nuestros Obispos necesitamos un reconocimiento efectivo de nuestras Iglesias Diocesanas que se concrete en unas líneas básicas de pastoral para nuestro movimiento y en la aceptación de nuestra representatividad en los órganos diocesanos de pastoral y apostolado seglar.

La iglesia Diocesana, las cofradías y las Juntas Coordinadoras deben desarrollar una reflexión seria y prolongada sobre la situación real actual y las líneas que deben marcar el futuro.

Ha habido avances importantes en otros campos, pero muy poco en éste.

Hay que constatar que durante unos años después solamente se han dado tímidos pasos en el seno de algunas de las cofradías para que este espíritu se fuese haciendo realidad. Intentos que son del todo muy insuficientes ante la actual realidad del mundo y de la Iglesia.

Parece por otro lado, que cada día crece más la inquietud por afirmar el fenómeno de la Semana Santa y de sus Hermandades en sus dimensiones culturales y religiosas. Buena muestra de ello es por ejemplo la proliferación de concursos y exaltaciones de instrumentos, la consecución de Fiesta de Interés Turístico de la Semana Santa de Aragón, la creación del Centro de Estudios sobre la Semana Santa y a nivel nacional los congresos celebrados en algunas provincias, en los cuales se abordaban temas históricas y artísticos.

Pero hay que dedicar un tiempo muy importante para potenciar planes de pastoral evangelizadora en pro de un movimiento que cada día tiene mayor poder de convocatoria, tanto en las ciudades como en los pueblos de nuestro entorno autonómico y eclesial. También es cierto que en este tiempo los organismos diocesanos están potenciando la catequesis de adultos, están iluminando el compromiso de la iglesia con los pobres, están propiciando la actualización del apostolado de los seglares y la preparación de planes de formación para agentes pastorales.

De todo esto debería de ser difundido, estudiado e informado el hacer de nuestras cofradías, porque Iglesia Diocesana somos y de sus afanes pastorales y apostólicos debemos nutrirnos y en ellos participar. Pero creo que por ambas partes hay una falta de sensibilización para que este estilo de vivir y actuar, que debería ser normal, lo sea en realidad.

Una propuesta sería

Para poder desempeñar esta importante función debería crear un Organismo Diocesano que fomentara la pastoral de las cofradías penitenciales, facilitando la comunión de la Iglesia y la inserción en la pastoral de la Diócesis, siendo portavoz ante los organismos Diocesanos de las necesidades y propuestas de estas asociaciones; propiciando una continua reflexión, sobre la realidad de nuestras Hermandades, encargándose de la formación competente de los dirigentes, facilitando materiales para la educación de la fe de los cofrades en diversos niveles y para las celebraciones religiosas, coordinando y formando a los consiliarios…

Con esta propuesta se pretende el posibilitar con personal entusiasmo, dedicado y competente y con las aplicaciones que en cada circunstancia sean necesarias, el que los planes catequéticos, litúrgicos, caritativo-sociales, eclesiales, misioneros, etc., informen el vivir en la fe y el actuar cristianamente de los miles de creyentes que, en algunas ocasiones no tienen otra vinculación con Cristo y su Iglesia que es su Cofradía.

Las Juntas Coordinadoras, están más preocupadas generalmente, por problemas organizativos y prácticos para cumplir el fin concreto de realizar la Semana Santa con todo lo que lleva anejo, que de potenciar una auténtica vida eclesial en el movimiento penitencial. No puede desecharse, en principio, el papel de cauce y de ayuda que éstas Juntas pueden realizar en este sentido, si sus componentes tienen bien claro que nuestras Hermandades tienen gran necesidad de adoptar un talante evangelizador.

Algunas sugerencias podrían ser las que brotaran del conocimiento de la realidad de nuestro movimiento penitencial, como por ejemplo:

-. Para responsable de este organismo debería contarse con una persona, sacerdote o seglar, que convencida de la importancia que tienen en la Iglesia nuestras Cofradías, tuviese al mismo tiempo el suficiente sentido crítico, eclesial y pastoral para discernir la actualidad concreta y con dotes creativas para promover un plan pastoral adecuado, en unión con los objetivos diocesanos.

-. Sería muy importante que colaborase con el un equipo asesor permanente, integrado por personas que conociesen bien la realidad de las cofradías, con una preparación teológica, apostólica o pastoral. En la designación de este equipo habría que conjugar la representatividad de las Juntas Coordinadoras, cofradías, ambiente urbano y rural, sacerdotes y seglares, con los miembros nombrados por sus cualidades y espíritu de colaboración.

-. Un objetivo primordial tendría que ser la formación tanto de los dirigentes, como medios específicos, organizados y orientados por el mismo organismo, como en la preparación de planes y materiales para que cada cofradía, con sus propios agentes de pastoral, pudiese desarrollar la educación en la fe de sus miembros.

Solamente desde la escucha de la Palabra se puedes llegar a una evangelización que configure como adulta la propia fe.

El organismo diocesano que se propone podría ser promotor, orientador y encauzador de esta actividad posible y necesaria.

-. No se puede olvidar, como objetivo importante, el promocionar la comunión entre las cofradías y de todo este movimiento con la Iglesia local en donde está verdaderamente presente y actúa la Iglesia de Cristo, una Santa, católica y apostólica.

-. No hay que olvidar la atención, coordinación e incluso formación para esta tarea específica de los sacerdotes que cumplen el servicio de asesores religiosos de las cofradías. En ocasiones hay disfunciones en la intelección de esta tarea, tanto por los mismos sacerdotes como por los cofrades. Por ello es muy importante el discernimiento, la coordinación y la preparación para esta misión determinada. Es evidente que una más amplia reflexión y la misma experiencia, si esta propuesta se pusiera en práctica en nuestra Diócesis, se irían abriendo nuevas perspectivas.

Si somos capaces de crear este organismo, además de fomentar más la vida cristiana entre nuestros cofrades, podríamos conseguir también el apoyo más eficaz de nuestros pastores. No olvidemos que somos nosotros los primeros que debemos llevar este cometido y también insistir en que los demás lo cumplan.

“LAS JUNTAS DE GOBIERNO EN LAS COFRADIAS
CON TALANTE COMUNITARIO”

Luis Antonio Gracia Lagarda
Delegado Diocesano para la Coordinación Pastoral
de las Cofradías de Semana Santa de Zaragoza

 

En otro lugar escribí:

Los cuadros dirigentes de nuestras Cofradías, de simples organizadores de procesiones y otros actos de culto o sociales, están pasando a ser auténticos animadores comunitarios y han de estar preparados para ser animadores de la vida de fe. En bastantes casos son, y deben ser, los agentes de pastoral más cercanos a un gran número de personas: los miembros de nuestras asociaciones.[1]

Querría, en esta ocasión, explayar un poco más estas afirmaciones, pues creo que es imprescindible, en el momento presente, tomar conciencia de la misión que nuestras Juntas de Gobierno tienen en una Iglesia evangelizadora y en unas Cofradías que, cada día más, deben de convertirse en grupos comunitarios.

Por principio, la Junta de Gobierno es el órgano ejecutivo que debe desempeñar las labores directivas que marcan los Estatutos y cumplir los acuerdos del Capítulo General.

FUNCIONES DE LA JUNTA EN UNA COFRADÍA COMUNIDAD CRISTIANA

Pero en la vida cotidiana de cada Hermandad la Junta de Gobierno es mucho más. Pienso que en la realidad tiene, por lo menos las siguientes funciones:

§ Animar (dar alma –espíritu-) a la vida de la Cofradía en el sentido humano y cristiano.

§ Mantener vivo y ayudar a recobrar el sentido más profundo de la Hermandad que casi siempre está en el espíritu con que se fundó y que se ha ido enriqueciendo a través de los tiempos con los usos y costumbres legítimos, aunque también es posible que, en el mismo paso del tiempo, se ensombrezca con rutinas y desviaciones.

§ Estar atentos al momento presente de la asociación, de sus hermanos, del sentir de la Iglesia y de las necesidades del mundo,

§ para saber impulsar una estilo de Cofradía adecuado a cada tiempo.

§ Ser vínculo de unión entre la Cofradía y la pastoral diocesana. Con una especial atención a la coordinación con las demás cofradías locales y diocesanas.

§ Propiciar un equilibrio en las actividades de la Hermandad entre lo devocional, lo litúrgico, lo educativo, la dimensión caritativo-social, el talante comunitario …

§ Administrar, con criterios cristianos y solidarios, los bienes de la Cofradía. Atendiendo con especial cuidado a los bienes patrimoniales y culturales de la misma.

De alguna manera la Junta debe ser la célula de animación de la Cofradía. Lo cual ha de entenderse como un servicio y, de ninguna manera, como un dominio.

NUESTROS DIRECTIVOS

Esta concepción exigirá unas características concretas para quienes han de desempeñar los diversos cargos. Me atrevería a enumerar algunas:

§ Aptitudes para un trabajo en equipo, pues solamente de esa forma se evitarán los personalismos y se podrá formar un autentico equipo animador.

§ Un conocimiento profundo del espíritu de la Cofradía para poder ser fieles a la propia andadura y, si se prefiere, al carisma que esa asociación concreta ofrece a la Iglesia y al mundo.

§ Un auténtico amor a la propia Hermandad, pero con el suficiente espíritu crítico para saber siempre dónde está, que le sobra, que necesita, que labores son prioritarias, qué proyectos deben realizarse y cuáles no son posibles.

§ Cierta madurez en la fe, ya que solamente desde el Misterio Pascual de Jesús y la fidelidad al Evangelio se podrá animar una Hermandad cristiana.

§ Una profunda sintonía con la Iglesia, sintiendo que es un servicio a ella el que se desarrolla al ocupar un cargo en una Asociación de fieles. Ello exige vivir en comunión con la comunidad diocesana: situación, necesidades, inquietudes, planes de pastoral…

§ Un mínimo de tiempo para dedicar a la Hermandad y los hermanos, sin descuidar tareas familiares y profesionales.

§ Disposición para una formación continuada.

ESTILO DE VIDA Y DE TRABAJO DE LAS JUNTAS DE GOBIERNO

Teniendo claras las funciones de la Junta y las características humano-religiosas de sus componentes, deberemos esforzarnos en ir perfilando un estilo de vida y de trabajo propio de nuestras Juntas. De ello, sin duda, dependerá, en gran parte, la forma de ser de la Hermandad.

Precisaré también aquí algunas características:

§ Ha de ser un equipo, en el que se viva y se trabaje coordinadamente. Es cierto que cada uno suele tener su propia responsabilidad en función de su cargo, pero es preciso que la orientación y los criterios se consigan por consenso.

§ Para ello se precisa una actitud fundamental de diálogo. Donde todos se escuchan –sobre todo esto- y todos opinan. Todas las opiniones son respetables. Entre todos habrá que descubrir lo que se considera lo mejor, lo más adecuado, lo más posible.

§ Al no poder quedarse, como hemos visto, en un mero órgano ejecutivo, sino que ante todo debe de ser el grupo de animación cristiana sus reuniones serán pobres cuando únicamente se preocupen de la organización. Habrá que encontrar siempre espacios para la oración (participativa, en profundidad y no solamente “las preces de rigor”), la formación permanente (quizás con un temario)[2], la información eclesial (universal, diocesana, parroquial, de la vida de las Cofradías de la misma población o de la diócesis), la reflexión sobre la vida de la misma Hermandad (profundizando en lo que ya ha acontecido –incluso cuando ha sido positivo-, en las necesidades más actuales, en los proyectos e iniciativas)

§ Si realmente queremos ser signo de comunión, para que nuestra Cofradía tenga un talante comunitario, deberemos buscar entre todos los miembros de la Junta espacios convenientes para incrementar ese valor: comunicación constante, preocupación de los unos por los otros, momentos de convivencia informal, pero fraterna, celebraciones festivas, jornadas de oración o de reflexión amplias.

§ No podemos olvidar que hemos sido llamados a ofrecer un servicio a nuestros hermanos cofrades y por ello es necesaria una disponibilidad para atenderles constantemente, incluso de manera individual a cada uno, principalmente cuando nos buscan y cuando sabemos que nos necesitan aunque no lo hagan. Además de prever cauces “oficiales” (días de permanencia en la sede u oficina), hemos de estar dispuestos a otras formas de encuentro e, incluso, a propiciarlas. De forma especial hemos de estar atentos a enfermedades y problemas, tanto personales como en la misma cofradía. Y, por supuesto, no podemos perder aquella hermosa tradición de acompañar a nuestros difuntos.

ANIMADORES DE LA ANIMACIÓN

Sin lugar a dudas, en la creación de este ambiente hay dos figuras que, de alguna manera, tienen una labor de gran calado. Son el Hermano Mayor y el Sacerdote que pastoralmente la atiende con títulos como Consiliario, Capellán, Director Espiritual, etc.

Si todo la Junta ha de ser animadora de la vida de la Cofradía, ellos tienen la misión de ser los animadores de la Junta. Por eso han de primar en su ser y hacer las aptitudes y características que se han apuntado para todos y ofrecerlas de forma singular a los directivos. Sociológicamente hablando se constata que de forma muy especial ellos con su forma de ser, con sus actuaciones o sus inhibiciones, influyen decisivamente en el ambiente, talante y actuación de la Junta. Y esto, por supuesto, sin necesidad de tener un estilo presidencialista, directivo o, incluso, absorbente.

Pienso que sería muy importante definir bien el perfil de estas dos personalidades en cada momento, sobre todo cuando debe procederse a renovaciones de cargos. Es difícil hacer una plantilla general, pues varían las situaciones concretas de cada cofradía, el momento, los proyectos. Pero no puede dejarse todo en la buena voluntad del candidato, ni siquiera en su amor y entrega a la Hermandad. Deben tenerse en cuenta las cualidades necesarias para ostentar el cargo en cada momento. Aunque, por supuesto, siempre tendrán que poseerse en buen grado, por lo menos, las necesarias para ser miembro de una Junta.

SACERDOTES EN NUESTRAS JUNTAS

El sacerdote (Consiliario, Capellán, etc) tiene que considerar su labor en la Cofradía como un concreción de su ministerio. No es una carga, sino un trabajo pastoral. No es un trámite, sino un campo de evangelización y construcción de la comunidad. No es un presidente de procesiones, sino un animador de vida cristiana. No es algo que hay que hacer (o que “tragar”), sino un apostolado serio en la actualidad eclesial. Pero, como siempre, el discernimiento y la profecía deberán estar presentes en su actuación como consecuencia de su caridad pastoral.

Aunque ningún campo le es exclusivo, deberá prestar especial atención a la animación del espíritu de oración, a la orientación de la formación cristiana y apostólica de los miembros de la Junta, a fomentar el sentido eclesial y diocesano y, sobre todo a crear ese estilo comunitario tantas veces repetido.

En un Encuentro pasado se afirmó:

Presupuestos en todo Consiliario su ilusión, su entrega, su capacidad de servicio, etc., tal vez, podríamos concluir, diciendo que su labor, en resumidas cuentas, consiste en que sepa ser “el buen pastor”, para dirigir, apacentar y santificar a los cofrades.

De las iniciativas, del entusiasmo de los Hermanos Mayores y sus respectivas Juntas, así como de cada uno de los miembros de la Cofradía, dependerá que las Cofradías cumplan con la finalidad para la que han sido aprobadas por la Jerarquía eclesiástica. Pero la mayor cuota de responsabilidad, entiendo que recae en el Consiliario. Casi me atrevo a decir, como final, aunque parezca que deseo pontificar, que la Cofradías y los cofrades, serán, cristianamente, lo que los Consiliarios queramos que sean.[3]

Identificándome bastante con su pensamiento y su intención, valorando la figura y la necesidad de la implicación del sacerdote en nuestras Hermandades, pensando que su labor pastoral es importante e imprescindible, deseando que auténticamente sepamos parecernos al Buen Pastor, opino que es el equipo de gobierno (es más bonito decirlo así) en comunión quien ostenta toda esa responsabilidad. No me gustaría que hubiese dejación de compromiso por parte de nadie por atribuir cargas muy determinadas a otros.

“CÓMO VIVIR MÁS CRISTIANAMENTE LA PASCUA DE RESURRECCIÓN EN EL SIGLO XXI.”

Luis Montes Albajar
Secretario Cofradía del Descendimiento Barbastro

La secuencia que se canta o se recita el Domingo de Pascua entre la Epístola y el Evangelio, es un himno exultante a la Resurrección de Nuestro Redentor y llena de gozo el alma del creyente. Dice así:

Ofrezcan los cristianos ofrendas de alabanza

A gloria de la víctima propicia de la Pascua.

Cordero sin pecado que a las ovejas salva

A Dios y a los culpables unió con nueva alianza

Lucharon vida y muerte en singular batalla

Y muerto el que es Vida, triunfante se levanta.

¿Qué has visto en el camino María, en la mañana?

A mi Señor glorioso, la tumba abandonada,

Los ángeles testigos, sudarios y mortaja.

¿Resucitó de veras mi amor y mi esperanza?

Venid a Galilea, allí el Señor aguarda,

Allí veréis los suyos la gloria de la Pascua.

Primicia de los muertos, sabemos por tu gracia

Que estás resucitado, la muerte en Ti no manda.

Rey vencedor apiádate de la miseria humana

Y da a tus fieles parte en la victoria santa.

Amen. Aleluya

En los sepulcros de las grandes celebridades que en el mundo han sido, leemos: Aquí están depositados los restos mortales de… En el sepulcro de Jesús, se lee: Aquí estuvo depositado el Cuerpo de Jesús. Una variante verbal que trasciende a toda una eternidad.

El peregrino que visita Tierra Santa, va experimentando en los Lugares Santos: Nazaret, Belén, Cenáculo, etc., emociones y sentimientos religiosos profundos, pero cuando llega a la Basílica del Santo Sepulcro, unida a la del Gólgota, estas emociones se intensifican, al introducirse en la pequeña capilla donde se venera el Sepulcro vacío de Jesús.

Venerando este santo lugar, la fe del cristiano se acrecienta y sin querer vienen a la memoria, aquellas palabras: “Si Jesús resucitó, nosotros también resucitaremos con Él”, y aquellas otras de San Pablo: “Si Jesús no hubiera resucitado, vana sería nuestra fe”; y el cristiano al salir de la capilla, siente más que nunca renovada su esperanza, de que ha sido creado para vivir eternamente feliz, al contestar que la muerte ha sido vencida y que no es otra cosa que el pasaporte a la paz y la dicha eterna.

Para que nos reafirmemos más en nuestra fe de que también nosotros resucitaremos, Jesús, como Hijo de Dios y Dios mismo que es, nos mostró en tres ocasiones que es Señor de vivos y muertos. El evangelista San Mateo y también San Marcos, nos narran la muerte y resurrección de la hija del jefe de la sinagoga, Jairo. Llegado Jesús a casa de Jairo, tomando de la mano a la niña muerta, le dice: “Levántate, yo te lo mando” y al momento la muchacha de doce años se puso a andar.

El evangelista S. Lucas nos cuenta la resurrección del hijo de la viuda de Naín: Así vio Jesús llorar a la madre por su único hijo, movido a compasión, le dice: “No llores”, y acercándose a los que lo llevaban a enterrar, dijo al joven difunto: Joven, yo te lo mando, levántate, y acto seguido se incorporó el difunto y comenzó a hablar. Y Jesús, lo entregó a su madre.

Y también el evangelista S. Juan nos habla de la resurrección de Lázaro… Quitaron, pues, la piedra que cubría el sepulcro y Jesús, levantando los ojos al cielo dijo: “ Oh Padre, gracias te doy porque me has oído. Bien es verdad que siempre me oyes, mas lo he dicho por razón de este pueblo que está a mí alrededor con el fin de que crean que Tú me has enviado”. Dicho esto, gritó con voz potente: “Lázaro sal fuera” y al instante el que había muerto salió fuera.

En la iglesia Ortodoxa Griega, el día de Pascua, cuando los fieles se encuentran por la calle, para saludarse, el que saluda dice: Jesús ha resucitado, y el que es saludado contesta: Aleluya, Aleluya.

En la noche que antecede a la madrugada del Domingo de Pascua, hora en que resucitó Jesús, los cristianos nos reunimos en el templo para celebrar la Vigilia Pascual, costumbre antiquísima en la Iglesia Católica que había caído en desuso y que el Concilio Vaticano II volvió a reanudar. En ella se bendice el Cirio Pascual, el cual se enciende en un fuego nuevo. Estando el templo a oscuras, se penetra en él y se van encendiendo las velas de los asistentes, tomado el fuego del Cirio Pascual, a la vez que se canta tres veces “Luz de Cristo” respondiendo los fieles “Demos gracias a Dios”. Al llegar al altar se encienden todas las luces del templo y un cantor entona el Canto de la Angélica, en el que se ensalza la victoria de Cristo sobre la muerte y la nueva vida que el cristiano debe llevar en adelante, al haber muerto con Jesús al hombre viejo y resucitado al hombre nuevo con Él.

A continuación se bendice el agua con la que se bautizará a los catecúmenos, aquellos que recibirán el Bautismo.

En la iglesia primitiva se bautizaba en esta Vigilia Pascual a los nuevos catecúmenos y se les revestía una vez bautizados con una túnica blanca que portaban hasta el domingo siguiente, de ahí el nombre in albis o de las vestiduras blancas. El bautismo se hacia por inmersión, es decir de cuerpo entero. Se les introducía en una piscina que tenía tres escalones para entrar, símbolo de los tres días que Jesús estuvo en el sepulcro. Así también ellos resucitaban con el bautismo a la nueva vida de cristianos. En la misa que se celebra a continuación, al entonar el Gloria, se hacen tocar todas las campanas del templo para expresar la alegría de la resurrección del Señor.

Es una creencia que los fieles de todas las épocas han tenido, que Jesús resucitado se apareció a su madre, la Virgen, antes que a María Magdalena y a los apóstoles aunque los Evangelios no nos lo cuenten.

Precisamente de esta creencia el pueblo cristiano ha celebrado gozosamente este hecho. En Barbastro, antes de la guerra del treinta y seis, se celebraba este Encuentro con una procesión que se llamaba así, la procesión del Encuentro.

Sobre las seis horas del Domingo de Pascua, salía de la Parroquia de San Francisco una procesión acompañando a los pasos de la Virgen de la Soledad y de Jesús Resucitado y al llegar a la Plaza del Mercado se situaban los dos pasos frente a frente. A la Virgen se le retiraban las vestiduras negras de luto y quedaba vestida de blanco, mientras los fieles aplaudían y se hacía una suelta de palomas. Al mismo tiempo todas las campanas de la ciudad tocaban a gloria. Seguidamente se bendecía el agua que los fieles llevaban a sus casas para rociarlas y así preservarlas de todo mal. Se repartían ramos de laurel a los asistentes, símbolo de triunfo y se dirigía la procesión a la Catedral para celebrar solemnemente la Misa Pascual.

Sería muy provechoso, espiritualmente hablando, que se recuperara esta procesión, hoy que las cofradías vivimos una época de renovación de las mismas. Parece ser, que centramos todos nuestros esfuerzos en la procesión del Santo Entierro y una vez terminada ésta, se acabó la Semana Santa.

Si nos reunimos para llorar y enterrar al mejor de nuestros amigos, al Amigo por excelencia ¿por qué no nos hemos de reunir para celebrar la alegría de su Resurrección y de nuestra propia resurrección, la cual Él nos ha ganado con su muerte?

Reconocemos que estamos inmersos en una vida de estrés y que necesitamos descansar y que la sociedad de consumo, solapadamente, nos va imponiendo sus normas, no pensando en nuestro bien, sino más bien en el lucro que se deriva para ella de estas modas que nos impone. ¿Seremos capaces de sacrificar un poco nuestro egoísmo, por Aquel que no ha dado todo hasta su vida? Recapacitemos un poco sobre esto y consultemos que nos dice nuestra fe.

Centrándonos pues en lo que nos atañe, vemos que para dar un contenido más eclesial y vivencial a nuestra Semana Santa barbastrense y para que no termine con la Procesión del Santo Entierro el Viernes Santo, hemos de incidir en la Vigilia Pascual y en el Domingo de Pascua.

La Vigilia Pascual que suele iniciarse a las once horas de la noche, si se está en casa se podría asistir y sería una forma de dar más vida a la Comunidad Parroquial. Es un rito cargado de signos y al entenderlos se comprende mejor el pleno sentido de la Semana Santa, dado que esta no termina con un entierro sino con una alegre y participativa fiesta.

Para restituir la Procesión del Encuentro de Pascua y digo de Pascua para diferenciarla de los Encuentros que se hacen en la procesión de Jesús Nazareno con la Virgen de la Amargura la noche del Miércoles Santo y la del Cristo de la Agonía con la Dolorosa la mañana del Viernes Santo, es necesario un paso que represente a Jesús Resucitado, con el sepulcro vacío a sus pies y los sudarios; si bien estos detalles habría que dejarlos a la inspiración del artista.

Este paso podría pertenecer a una cofradía nueva que llevara este título de Jesús Resucitado, o bien, de todas las cofradías, existentes para así sentirnos todos identificados en él y ser portado por miembros de todas las cofradías actuales, dado que ese Domingo de Pascua, están todos los portantes libres.

Para que la juventud tuviera más ilusión en la Semana Santa, también podría ser portado este paso por jóvenes de ambos sexos, aprovechando el auge que la Casa de Juventud va tomando en nuestra ciudad.

El hábito o túnica de los portantes, sería a mi parecer de color blanco y en el escudo o anagrama, llevaría el Cordero Pascual que lleva el estandarte de la victoria sobre la muerte.

Existiendo en nuestra ciudad, como existe, una Agrupación Ornitológica se la podría invitar a que llevara a efecto la suelta de palomas en el momento del Encuentro a la vez que cualquier otra asociación, podría encargarse del reparto de ramos de laurel a los asistentes.

Durante el trayecto de la procesión a la Catedral, se podrían cantar los cánticos apropiados de Pascua, por ejemplo: el “Resucitó Aleluya” o el “Cristus Vincit”, etc.

El paso de la Virgen María, podría ser el de la Soledad, vestida blanco o el que sale de la Catedral en la noche de Jesús Nazareno. Al la misa Pascual se le deberá dar la solemnidad que requiere la Catedral.

Tal vez se podría aducir, por parte de las otras dos Parroquias que esta celebración restaría fieles a las mismas el día de la misa Pascual; pero si lo miramos desde una visión comunitaria y desde lo alto ¿Qué más le da al Señor que nos reunamos en casa de Pedro o de Juan?. Si hoy día la iglesia de Barbastro-Monzón tiende a aunar esfuerzos y voluntades, ¿no sería esta unión de toda la ciudad una muestra palpable de que queremos llevar a efecto lo que llamamos “interparroquialidad” y ¿No es la Santa Iglesia Catedral, la Casa común de todos por ser la Sede de Nuestro Padre y Pastor, el Obispo?

Sirvan pues estas consideraciones, expuestas en este modesto trabajo, para que todos nos sintamos más identificados con lo que debe ser el “VIVIR” la Semana Santa y dotar a nuestras Cofradías para que cumplan su verdadera misión para la que fueron instituidas que es lo que el Señor y la Comunidad Eclesial esperan de ellas.

“ASPECTOS CULTURALES DE LA SEMANA SANTA”

Asociación para el Estudio de la Semana Santa

Las cofradías, hermandades y congregaciones reúnen en torno a ellas un grupo de personas muy diferentes. Lo que les une y les motiva a ello estamos seguros que es motivo de exposición y dialogo en este V Encuentro de Cofradías de Semana Santa de Aragón, lo que hace innecesario tratarlo en esta comunicación si bien nos parece necesario, como base de todo lo posterior, recordar que es la Fe el principal motivo de dichas asociaciones.

Ese grupo de personas, con orígenes, formación y conocimientos diversos, trabajos diferentes y actividades profesionales también poco coincidentes, provoca, sin embargo, un enriquecimiento en las asociaciones que les hace crecer y desarrollarse tanto en la Fe como en otros aspectos colaterales que le acompañan.

Uno de ellos es sin lugar a duda el “aspecto cultural”que la Semana Santa conlleva. Recientemente leíamos en un editorial[1]: “La FE no puede quedarse solamente en una vivencia interior, es necesario exteriorizarla y hacerla presente en la sociedad en que vivimos. La evangelización de nuestra época no puede prescindir de los medios que la expresión cultural pone a nuestro alcance.”

A lo largo de la historia han sido muchas las manifestaciones donde la Semana santa ha tenido su exteriorización, desde los tradicionales “autos sacramentales”las “representaciones de la pasión”, los “oficios” o los “misterios” en lugares cerrados, teatros e iglesias, o en espacios naturales como el de todos conocidos del pueblo de Alcorisa, por citar a uno de ellos ánimo de excluir y a modo de ejemplo. La literatura, la pintura y la escultura han servido, igualmente, para manifestar la Fe cristiana, o el significado de la Semana Santa, inicialmente para sus propios autores y que luego ante la general aceptación de la obra han pasado a ser patrimonio común de todos, la escultura de la Piedad de Miguel Ángel, el cuadro del Descendimiento de Rubens, o las poesías de la Pasión de Lope de Vega (inspiradoras y origen de los llamados “Relojes de la Pasión) son fiel reflejo de lo que estamos diciendo.

Junto a las artes tradicionales, las llamadas nuevas, como el cine, la fotografía, o los medios modernos de comunicación vídeo, Internet; así como la música o la gastronomía donde comidas y bebidas típicas identifican la Semana Santa, sirven igualmente para recoger, y exponer el sentido de la Semana Santa, creando tradiciones y cultura.

Finalmente, en este rápido repaso a lo que podíamos referirnos como exteriorización de la fe, y su carácter cultural, hay que mencionar alas Procesiones de Semana Santa que llevan a la calle el mensaje de Cristo, constituyendo una auténtica catequesis, sin dejar de ser obras de arte. Los pasos, los grupos de redoblantes, los atributos, las cruces In Memorian, así como Guiones y Estandartes, entre otros, componen un desfile penitencial al servicio de una idea y cada uno son reflejo y exposición de una “cultura” peculiar.

Nos dice el autor[2] “La forma de vivir la Semana Santa, hunde sus raíces en el alma popular, entronca con las más viejas costumbres y tradiciones poniendo un sello específico en el modo con que multitud de personas demuestran su religiosidad” La cultura y tradición se dan en la Semana Santa, la de cada localidad, y la de cada Cofradía, por ello su conocimiento, estudio, difusión y formación, no debe quedar al margen del propio discurrir de la misma y puede servir a hacer más homogéneo, al ser conscientes de lo que significa y de su valor, ese grupo de personas que al principio mencionábamos componían las cofradías.

Es por ello loable, la tendencia observada en los últimos años de publicaciones impulsadas por las propias hermandades donde se contienen estudios sobre imágenes de los pasos, significado de los mismos, autores. Así como se esfuerzan porque las nuevas exteriorizaciones recojan, sin dejar de esta en el s. XXI el verdadero espíritu de la Semana Santa.

Mas la cultura, no es patrimonio de unos pocos, la tradición resulta popular, precisamente por su general aceptación mas que por los que directamente están involucrados en su conservación. Y por ello esos aspectos culturales no pueden quedarse en el interior de las cofradías, o incluso en el ámbito local, estaríamos hablando entonces de endogamia.

Partiendo de la idea anterior, los jóvenes por naturaleza curiosos y deseosos de conocer sus propias tradiciones, pueden jugar un papel muy importante y para ello hay que darle los cauces oportunos, no solo en sus propias hermandades o cofradías, sino también en otro tipo de asociaciones, más generalistas, y donde el trabajo y la investigación sobre los aspectos culturales de la Semana Santa van a redundaren beneficio, no solo del grupo, sino sobre todo de la sociedad, que las ha creado y las mantiene a pesar del paso del tiempo.

Aragón, tiene una Semana Santa cultural, rica, variada, con tradiciones propias solo pendiente de una mayor difusión, animemos a ello, impulsemos la participación de los jóvenes.

Una de las ponencias del presente Congreso se ocupa de los órganos directivos de las Cofradías y desde la Asociación para el estudio de la Semana Santa, les proponemos a las mismas no dejar de cuidar sus tradiciones, ni sus patrimonios. Cuídenlos, denlos a conocer, restáurenlos con el máximo cuidado y respeto a su finalidad, aunque esté sin duda el inconveniente económico pero para ello ya está la imaginación que cada cofradía nos demuestra en el día a día.

La cultura no pertenece a esta o aquella cofradía, todas hay que difundir y por ello, desde esta Asociación, sin querer entrar en ningún tipo de competencia con las cofradías, Hermandades o Congregaciones, lo que se pretende es realizar estudios, fomentar y difundir la Semana Santa en sus aspectos culturales y religiosos [3], obligándonos para ello a publicar cada año.

La estructura y dirección de la Asociación esta pensada hacia esos fines, por ello se impulsa la participación de todos los miembros en los diversos cargos de Presidente, Vicepresidente, Secretario y Tesorero, con rotaciones anuales o bianuales, quedando para la Asamblea General las decisiones más importantes, así como la aprobación de las actividades a realizar.

Sobre los recursos económicos de la Asociación, acudimos a los mismos que los de cualquiera de las Cofradías que estáis presentes en el Encuentro, cuota asociados, alguna subvención, venta de nuestras publicaciones y cualquier otro que la imaginación nos permita obtener.

Hasta la fecha, y en los siete años de existencia, hemos publicado cinco números de los cuadernos de investigación, estando el sexto previsto para la próxima semana Santa, su denominación es la de TERCEROL en recuerdo y homenaje a los que nos precedieron en Aragón portando los Pasos y su significado, por calles, callejucas, avenidas y paseos de nuestra Autonomía desde los Pirineos hasta el sur de Teruel.

Lógicamente los trabajos de sus miembros inicialmente suelen tratas de lo más próximo, lo que más conocen, y por ello a veces van a coincidir con los que se impulsan desde una cofradía; Echo este que creemos debe entenderse desde el ámbito del estudio como algo normal que ocurre en la investigación y publicación. Es indudable que cuanto más se difundan nuestras costumbres, más se publiquen nuestras tradiciones y más se investigue y se informe sobre las mismas, mejor lograremos la conservación de las mismas.

Por ello, animamos desde aquí a las diversas secciones culturales que tienen algunas cofradías, o a los encargados de este “aspecto cultural” en otras hermandades a caminar juntos y contribuir igualmente a la finalidad principal de la Semana Santa, la difusión de su mensaje, hay sitio para todos.

Nuestra publicación y la propia asociación estarán siempre abierta a los amigos que puedan aportar conocimientos e investigaciones, o a quienes quieren brindar oportunidad de hacerlo otros. La difusión de los conocimientos es tarea que redundará a favor de los que nos siguen y tarea apasionante para los que sienten la Semana Santa.

En un Encuentro de cofradías, donde se habla de la organización de las Cofradías y se ocupa destacadamente del papel de los jóvenes en las mismas, la vertiente cultural puede tener igualmente un sitio.

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