El cuerpo de Cristo es colocado en el Sepulcro ante la mirada desolada de su Madre. En la madrugada del Viernes Santos todos, cofrades y no cofrades, caminan juntos bajo el silencio, solo rasgado por el sonido de los tambores y por el rezo devoto de las estaciones del Vía Crucis, acompañando a María junto al Sepulcro de su Hijo, en esta procesión de luto.

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